Bueno pues aquí tenéis la crónica de Álvaro y alguna foto y vídeos de la Perico, espero que os guste.
El sábado, 13 de agosto, a las 6:40 de la mañana partíamos hacia Segovia Antonio, Isaac y yo con la familia con la ilusión de unos niños. Al llegar a Segovia fuimos a recoger los dorsales, que ambiente se respiraba, cuanta gente y cuanta bici. La tarde del sábado dimos una vuelta para relajarnos y ver los “pedazos de cerros” que teníamos que subir al día siguiente. La noche previa dormí regular fruto de los nervios del día siguiente, aunque creo que no fui el único. Por la mañana, el desayuno fue de campeones y luego rápido a vestirse para salir pitando hacia el acueducto. La primera, y no única, imagen del día que me impresionó fue cuando salimos del hotel para bajar por una avenida hacia la salida y veo una cantidad de ciclistas impresionante dirigiéndonos todos hacia el mismo lugar, madre mía cuanto ciclista, no había visto tantos en mi vida. Minutos antes de la salida nos echamos Antonio, Isaac y yo unas fotos donde se reflejan los nervios del momento. ¡Qué nervios y que tensión en esos momentos, tenía las pulsaciones a 105 estando todavía parados!
Desde que se dio la salida hasta que pudimos comenzar a movernos pasaron por lo menos 3 o 4 minutos, ¡cuanta gente! En ese momento comenzaba por fin la Marcha. Aunque los primeros kilómetros eran neutralizados, se iba a un ritmo increíble, que velocidad llevábamos. Fue difícil distinguir el tramo neutralizado y cronometrado. Al Presi lo perdimos desde la salida ya que iba buscando a Perico a toda velocidad e Isaac y yo fuimos cogiendo ruedas hasta que se formó un gran grupo en el que se rodaba muy rápido y cómodo.
El primer puerto se hizo muy cómodo, había muchas sombras y más ciclistas. Isaac y yo íbamos muy bien aunque El Presi iba muy muy lejos. El descenso fue muy rápido, ¡¡cómo baja el Pavesita!! Los llevaba de corbata para no perderlo de vista. En el llano hasta Canencia se volvió a formar un grupo numeroso en el que se rodó muy rápido.
El Canencia también se subió a ritmo muy cómodo entre sobras de pinos. En lo alto de este puesto vi otra imagen que me impacto, tuve dificultades para encontrar las mesas de avituallamiento, no veía nada más que bicicletas y ciclistas.